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El juego de las máscaras

· teatro,talento,gamificación,RRHH,teambuilding

Interpretar para descubrirse

No es difícil darse cuenta de que no sólo a lo largo de la vida, sino también, a lo largo de cada día, nos ponemos encima diferentes máscaras para cumplir con el rol que se espera de nosotros en las variadas situaciones por las que pasamos.

Esta capacidad, que en principio es una ventaja que favorece la socialización y la convivencia, muchas veces termina convirtiéndose en un factor inhibidor de la personalidad y el talento en entornos cerrados y rutinarios como son las empresas. Una vez asignada a cada individuo su máscara por el grupo, las posibilidades de mostrar cualquier otra se van reduciendo conforme pasa el tiempo. Cada uno ocupa su puesto dentro de la cadena coordinada de trabajo, y a cada uno de esos puestos le corresponde una máscara concreta y determinada. Y así,  se quedan fuera el resto de posibilidades intelectuales y relacionales.

No tener la oportunidad de mostrarse en plenitud implica que grandes partes del talento y las capacidades de cada trabajador nunca llegan a ser aprovechadas ni por él a nivel personal ni por la empresa a nivel profesional. Con el paso del tiempo, la «zona de confort» —a la que sería más adecuado denominar «zona de parálisis», porque no es nada cómoda en realidad— se apodera de las relaciones y los métodos de trabajo, creándose unos patrones de los que resulta imposible salir sin un agente que provoque la desinhibición.

Un agente de la desinhibición puede ser fortuito, descontrolado e inesperado (cualquier suceso imprevisto), pero también —y estos son los agentes interesantes— planificado, controlado y previsto. Si, además, a esta intencionalidad le unimos una vertiente lúdica en la que no haya ninguna presión para demostrar nada más allá de la diversión, el agente de la desinhibición encuentra pocos obstáculos mentales para lograr su objetivo.

Todos los que alguna vez hemos vivido el teatro desde dentro conocemos su paradójico juego: ocultarnos tras una máscara ajena que no tiene que ver con nosotros hace que podamos desprendernos de las propias que no nos permiten ser nosotros.

La existencia de las máscaras corre casi paralela a la del ser humano racional. Desde el mismo momento en el que el hombre tomó conciencia de sí mismo, de su entorno y de sus semejantes, fabricó máscaras para relacionarse con ellos. Al principio eran máscaras que imitaban a animales y a criaturas imaginadas, para transferir su fuerza y fiereza a la persona que la portaba; más tarde, en la Grecia clásica, se incorporaron a las fiestas y de ahí al teatro, adquiriendo de esa forma su significado más valioso y conceptual: servían para expresar los sentimientos y las ideas bajo la protección de una personalidad ajena. Así, por ejemplo, Sófocles y el actor que interpretase a su Antígona podían cuestionar los límites del poder del gobernante sin hacerlo directamente, ya que era su protagonista la que desobedecía el Edicto, no ellos.

La interpretación sirve para entrenar habilidades como la creatividad, la memoria, la empatía y la imaginación, necesarias para la construcción del personaje a través de las directrices proporcionadas. Pero, además, ayuda a abandonar el rol habitual y los estereotipos de comunicación implantados, y si se lleva a cabo a través de un juego de improvisación y estrategia, también permite explorar canales de relación y estratos de comunicación nuevos.

No dar oportunidades  a los trabajadores para que se desprendan de las máscaras que los limitan y demostrar que tienen muchas más capacidades y facetas de las que enseñan y manejan a diario significa bloquear la entrada al activo personal y profesional más valioso que pueden tener: su talento en plenitud.

Dar esas oportunidades es, en cambio, abrir la puerta hacia la utilización personal y profesional de las mismas. Hacerlo, además, a través de un juego es abrirla libre de corrientes que puedan volver a cerrarla.

El talento siempre está llamando. Sacarlo de la espera y ponerlo en juego es la estrategia empresarial más lúcida.

Si queréis saber más sobre nuestro proyecto, aquí os dejamos link a qondar.

Ana de la Morena. Escritora.

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