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La diversión empresarial: de anécdota a necesidad en la era del Trabajo Líquido

· teambuiding,RRHH,knowmad,gamificación

Durante mucho tiempo, las estructuras sociales se han mantenido inalteradas y  estables. En nuestra sociedad se valoraba (y no se cuestionaba) lo perdurable en todas las esferas de la vida. La gente establecía a lo largo de su vida una única unión amorosa, se gastaba el dinero en objetos con una alta durabilidad,  elegía una única profesión para ejercerla el resto de su vida y aspiraba a ser contratado por una buena empresa, para fichar todos los días de 9 a 5 en un mismo lugar, hasta el día de su jubilación.

A mí, como persona joven de veintitantos años  que está comenzando en el ámbito laboral,  pensar en el concepto que plasman mis palabras anteriores me sume en un absoluto aburrimiento. Lo único que me  apetece hacer al leerlas es  correr en dirección opuesta. Aunque esa dirección sea incierta y no sepa lo que voy a encontrar al final. Porque lo que a mi generación no le importa es el final, sino el camino.

Gracias a los avances tecnológicos y a la entrada en la era de la información, mi generación está intentando romper con lo normativo y dejar atrás patrones de la era industrial como los horarios fijos, la jerarquía o la estabilidad laboral. Esto ya lo avanzó en el año 2000 uno de mis sociólogos favoritos, el polaco Zygmunt Bauman.

Bauman acuñó el concepto de Modernidad líquida (2000) y, más tarde, otros términos, como Amor líquido (2003), Vida líquida (2005) y Tiempos líquidos: vivir una época de incertidumbre (2007), que conceptualizan la misma idea en las diferentes realidades que componen nuestra vida.

La modernidad líquida implica la ruptura con las instituciones y estructuras fijadas del pasado. Lo líquido en contraposición a lo sólido. La filosofía de vida, los valores y lo que se considera ético y moral han cambiado radicalmente en los últimos años. Ni el matrimonio, ni el conocimiento, ni los objetos que compramos son ya para toda la vida. Nuestra sociedad está en cambio permanente, y para sobrevivir en ella hay que ser flexible e, incluso, un poco contorsionista.

Por supuesto, el sector laboral no es una excepción a esta transformación. Nosotros ya no vemos los trabajos como algo para toda la vida. Mi generación, ya sea por necesidad o por libre elección, está empezando a experimentar lo que significará ser un trabajador del futuro o knowmad. Nosotros seremos los primeros que cambiaremos frecuentemente de trabajo o de puesto, trabajaremos por proyectos y lo haremos en entornos laborales colaborativos sin necesidad de ir a la oficina.

Y para muestra, un botón. Tengo 27 años y desde que salí de la Universidad (hace cuatro) he ejercido cuatro profesiones completamente distintas entre sí (incluyendo el reciclaje formativo que eso implica), y me da pavor pensar que la que estoy ejerciendo actualmente será la definitiva. No porque no me guste, sino porque existen tantas posibilidades en nuestra mano, que elegir una definitiva sería como desperdiciar demasiadas oportunidades. Además, estoy constantemente hiperconectada, lo que me permite trabajar en remoto en un espacio Coworking, con personas que no tienen nada que ver con mi trabajo, pero con las que tengo una indudable relación  laboral.

Bauman predijo hace 19 años cómo sería mi vida y la de muchas más personas en el futuro y, aún así, por algún motivo, a muchos profesionales  y muchas empresas se les hace nuevo y chocante el cambio. Pero está claro que para sobrevivir y tener éxito en el nuevo modelo de Trabajo Líquido las empresas van a tener que aumentar sus esfuerzos en los departamentos de Recursos Humanos. Lidiar con la incertidumbre, la alta rotación, los empleados en remoto (incluso nómadas digitales que no comparten zona horaria entre sí) no es tarea fácil y hay que invertir en las herramientas adecuadas para superar estos desafíos. Cada vez es más importante potenciar las relaciones humanas entre los empleados o colaboradores. Relaciones humanas de verdad, como las de antes. Sin Skype de por medio. Sin pantalla. En persona.

Por este motivo, las empresas están invirtiendo cada vez más en la realización de eventos corporativos internos. Conozco empresas en las que el 100% de la plantilla trabaja en remoto. Sus empleados están medidos por objetivos, se sienten completamente comprometidos con ellos y el mundo es su casa. Pueden vivir donde quieran con la única condición de cumplir con su trabajo y de fichar de manera física una vez al año. ¿Y qué se hace en esas reuniones? ¿Hablar de trabajo? Sorprendentemente no.

Las «fiestas» o los eventos lúdicos han dejado de ser un caramelo a modo de premio para el empleado para convertirse en algo necesario  que beneficia a la empresa. En esa semana al año en la que estas empresas concentran a toda su fuerza de trabajo en el mismo sitio físico, se minimiza la carga de trabajo y se potencian las relaciones personales y colaborativas entre los empleados. ¿Cómo va a funcionar bien un equipo si no pasan tiempo de calidad juntos? ¿Cómo tienes la confianza de levantar el teléfono para pedirle algo a tu compañero de trabajo si ni siquiera le conoces en persona? ¿Cómo le abordas si no sabes qué tipo de sentido del humor tiene?

Las estructuras que hemos conocido están cambiado a ritmo acelerado y, en mayor o menor medida y dependiendo de la actividad de la empresa, las compañías tendrán que esforzarse para adaptarse a los cambios y luchar por obtener el mejor talento. Y ya se sabe, los mejores también son los que pueden permitirse ser realmente libres. 

¿Y a dónde llegaremos?

 

La respuesta es clara. No lo sabemos. Es incierto.

Pero precisamente, de eso se trata… El cambio es la única constante.

Autora invitada: 

Alicia Ruppel,  Socióloga y diseñadora gráfica.

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