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Ocho papeles para el líder del futuro

Parte I

· liderazgo,teambuiding,RRHH

Como cualquier otra revolución, la digital ha irrumpido en la mayoría de los sectores a través de diferentes crisis, debido a la confrontación entre los modelos implantados —que respondían a las necesidades y realidades del mundo industrial— y los nuevos —que dan respuesta a las nuevas necesidades y realidades del mundo digital—. El antiguo régimen frente al nuevo.

El sector del liderazgo no se ha mantenido ajeno a esta revolución, y es su crisis una de las que más están influyendo en la desorientación e inseguridad ante el futuro y en el sentimiento de ausencia de valores y propuestas útiles que se respira en todas partes.

No conviene llevarse a engaño. En la época de la inteligencia colectiva, un liderazgo sólido y seguro es igual de necesario que en cualquier otra. Los mandos siempre han de estar asignados a los más capacitados para dirigir. La única diferencia es que las habilidades y virtudes que se necesitan para convertirse en líder son otras ahora. Los mandos ya no necesitan manos que los accionen sino cerebros que los guíen.

El vacío de un liderazgo adaptado a los nuevos tiempos ha dejado la sala de mandos a cargo de profesionales que no entienden su nuevo funcionamiento, y la nave viaja, en general, sin rumbo ni estabilidad.

Pero ¿cuáles son esas virtudes y habilidades de liderazgo que necesita el presente para saltar al futuro? ¿Cómo sería ese líder que hoy parece tan inalcanzable como un relato de ciencia-ficción?

Pues es ahí, en la ficción, donde podemos encontrar los papeles o personajes que le pueden servir de inspiración y guía a aquellos que aspiren a convertirse en líderes del futuro.

Los ocho papeles del líder del futuro

Aunque iremos escribiendo una entrada para cada personaje y así explicar con más detalle cada una de las habilidades que requieren, un índice de los mismos sería este:

1.- El hechicero.

El líder del futuro no ordenará, seducirá.  Y aunque ya parezca un tópico pese a lo poco que se ve en la práctica, sí, claro, no vencerá, convencerá.

El equipo se agrupará en torno a él de forma natural y establecerá un vínculo nacido siempre de la confianza, jamás del miedo.

El organigrama será horizontal.

Concebirá la visión como colectiva.

2.- El maldito iluminado.

El primero que estará seducido y convencido será él.

El futuro lo liderarán los que crean en él.

3.- El explorador insaciable.

Sentirá un hambre infinita de descubrimientos devorando sus entrañas y siempre tendrá una mochila a mano para emprender nuevas rutas.

Porque, también, el futuro lo liderarán los que creen en él.

4.- El tierno adolescente.

No habrá perdido la mirada limpia ni la convicción de que todo lo que se hace bien, sale bien.

El futuro será su entorno natural y el entusiasmo su tarjeta de visita.

Y conservará esa dosis de inocencia imprescindible para destilar confianza ante el porvenir.

5.- El hombre de hierro.

Poseerá una gran capacidad de análisis, planificación y cálculo de estrategias.

Proteger los proyectos y a su equipo será siempre una prioridad que lo obligará a tenerlo todo bajo control y a estar siempre preparado para actuar.

6.- El experto bailarín.

Se moverá con una elegante flexibilidad  en cualquier escenario.

Y sabrá caer.

7.- El poli malo.

Tendrá una excelente capacidad para prever los problemas, para ponerlos sobre la mesa y para no permitirse que el entusiasmo, la ensoñación o el ego le impidan ver la realidad.

Un pensamiento práctico y realista para que los despegues no acaben convertidos en aterrizajes forzosos.

8.- El temerario suicida.

Siempre estará dispuesto a saltar el primero a luchar contra los tiburones, sin esperar que nadie más lo acompañe o caiga con él.

Podrá parecer temerario, loco o incluso imbécil al asumir dificultades de las que podría librarse fácilmente cargándoselas a otros, pero, en realidad, sólo estará siendo fiel a su sentido del deber.

Concebirá la obligación como individual.

El Rey Sol ha muerto, viva el primus inter pares

El liderazgo nacido tras la revolución industrial tuvo que ver con visiones individuales sobre las que se construían obligaciones colectivas. Siguiendo este planteamiento, el organigrama se estableció sobre estructuras verticales. La visión, la toma de decisiones, el poder y los beneficios se concentraron en el líder. Por norma general, cuando el líder caía o desaparecía, la organización le seguía en ese descenso a la extinción.

Este modelo funcionó mientras la producción industrial fue la base del desarrollo. Su objetivo era conseguir una disciplina organizada del trabajo para maximizar la eficacia de la cadena productiva: trabajos basados en la acción coordinados en tiempo y espacio.

La visión única y las obligaciones colectivas.

El líder organizador.

El modelo Rey Sol.

Tras la revolución tecnológica, sin embargo, este modelo de liderazgo se ha quedado sin sentido. Ya no existe la cadena productiva, existe la colaboración productiva. El desarrollo lo llevan a cabo trabajos basados en la creatividad y el pensamiento, y, por tanto, necesitados de flexibilidad en tiempo y espacio. El líder es necesario, pero en los mismos términos que cualquier otro miembro de la organización, que está dotada de sostenibilidad interna e independiente de todos ellos.

La visión colectiva y las obligaciones individuales.

El líder inspirador.

El modelo primus inter pares.

Podrían enumerarse algunos más, pero estos ocho papeles antes citados son susceptibles de contenerlos todos. Ocho papeles. La dificultad estribará en saber desarrollarlos todos y cada uno a la perfección para poder echar mano del que convenga en cada escena y escenario. Ese será el reto y por eso la escasez de profesionales capaces. Un líder ya no podrá ser simplemente un general con mando en plaza. El líder del futuro será un profesional multifacético que sabrá que cualquier ser humano —su equipo al completo, incluido él mismo— tiene multitud de facetas, habilidades y talentos con los que jugar y salir a escena. Y que su obligación será descubrirlos, alimentarlos, guiarlos y afianzarlos.

El escenario ya está preparado. El nuevo líder debe salir a escena.

Ana de la Morena. Escritora.

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