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La narración y los vínculos

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Los que nos dedicamos a la comunicación y a la enseñanza de la misma tenemos en los logotipos un ejemplo perfecto para explicar la importancia que tiene la narración en la creación de vínculos, entendiendo en sentido amplio esta palabra, desde la captación de la atención, pasando por la transmisión de conocimiento hasta la creación de emociones.

Un logotipo siempre tiene una construcción narrativa detrás. En realidad, más de una, aunque es la que habla de aquello que lo inspira y a lo que aspira representar la que vincula al mismo con mayor efectividad. Un logotipo es el producto del trabajo de un diseñador, un trabajo de abstracción, imaginación y dibujo. El logotipo expresa en una imagen todo un concepto.

Para explicar ese concepto, el diseñador puede contar cómo ha sido su trabajo desde que recibe el encargo y comienza el proceso de abstracción hasta que consigue el resultado final. Es la narración técnica. Suele contener dosis de épica —las dificultades y los obstáculos a salvar, a veces, incluso, la incomprensión— y también de información sobre el desarrollo de la idea y la profesión —cómo va materializándose la idea hasta convertirse en un diseño, las herramientas, los conocimientos requeridos—.

La narración técnica consigue crear un vínculo intelectual entre el objeto de la narración y el receptor de la misma. Es muy frecuente a la hora de explicar procesos creativos, construcciones, tratamientos científicos, y es el mismo vínculo por el que se consigue el aprendizaje en las escuelas. Ayuda a comprender de una forma más experta, acercarse a la mirada de los profesionales de esa materia. En el caso de un logotipo, seguramente nos enseñará a ver sus formas, su trazado, sus simetrías, sus volúmenes para poder valorar su excelencia. Puede que, incluso, nos cree un vínculo emocional de admiración por el profesional que lo diseña.  Aporta conocimiento a la  mirada, a cambio de perder emocionalidad y espontaneidad.

Pero el concepto de un logotipo puede explicarse a través de la narración literaria, lo que comúnmente se conoce como relato —contar qué fue lo que encendió la chispa de la inspiración, lo que representa, el mensaje que quiere transmitir— explicarlo a través de historias.

Así, un logotipo hablará de un hilo, y se engarzará con la leyenda del hilo rojo que une a las personas; otro de un rayo, y se relacionará con los procesos mentales que, como tormentas, acaban iluminado el horizonte; otro de una manzana mordida, que encajará con mitos antiguos sobre la tentación y con la chispa que enciende el conocimiento y, también, con alguna ciudad referencia de la modernidad.

Y todo eso, junto, dará personalidad al logotipo, nos lo mostrará a través de imágenes, de intenciones y de relatos, le dará contexto y pasado, lo humanizará. Un diseño, una tipografía, un dibujo, pero nos hablará con el idioma de la humanidad.

El vínculo aquí será racional, claro —la asociación de conceptos es una de las abstracciones de la razón que más utilidad tienen a la hora de alimentar la creatividad— pero también emocional, y esa emoción será la que termine por hacer que el logo nos atraiga, nos hable, que lo sintamos cercano o interesante sin ser profesionales del diseño, que lo escuchemos y lo veamos a él y a lo que representa —esa es la finalidad de un logo— y no al diseñador o al trabajo que lleva detrás.

El ser humano está diseñado para establecer vínculos con todo lo que le rodea. El emocional es, quizá, el más potente, tanto es así, que es el que suele determinar que el vínculo sea duradero y permanezca en el tiempo o no. Cualquier vínculo termina siendo emocional si permanece, incluso aquellos que comienzan como vínculo puramente intelectual. El relato es una de las herramientas más eficaces que utiliza nuestro cerebro para activar este tipo de vínculo.

Como ejemplo, una muestra, la historia de dónde surgió nuestro logo:

El nombre elegido, qondar, es una adaptación de la palabra «kondar», que en maranao significa jovial, alegre, juguetón.

El pueblo maranao —«pueblo del lago»— es un pueblo indígena de Filipinas que se caracteriza por haber mantenido sus valores a lo largo de los tiempos y de las sucesivas culturas que los han absorbido, gracias a la representación de un poema tradicional que denominan Darangen.

El Darangen es una antigua epopeya cantada que guarda en su interior conocimientos del pueblo maranao. Significa literalmente «narrar cantando», y forma parte de una cultura épica que se remonta a las antiguas tradiciones sánscritas que se extendían por la mayor parte de Mindanao. 

La epopeya Darangen de los maranao del lago Lanao (Filipinas) está inscrita desde 2008 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Y nuestro isotipo es un hilo enredado.

 

En qondar nos dedicamos a inventar historias y a jugar con ellas, de forma que sean representadas por empleados y clientes en los eventos de teambuilding de las empresas para enlazar entre ellos y con ella.

Esta es la historia de nuestro logotipo.

Esperamos que, a partir de ahora, cada vez que lo miréis, sintáis el vínculo y os hable de lo que somos.

Ana de la Morena. Escritora.

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